Juntos Pensamos Más

Página destinada a analizar el devenir nacional.

viernes, noviembre 26, 2010

Los 33 de Atacama en CNN-Héroes....


"Los 33 de Atacama" fueron protagonistas en programa dedicado a los héroes del año en EE.UU.

Con fuertes aplausos fueron recibidos los mineros rescatados de San José. El ceacheí se dejó sentir en el set de CNN.



El programa de televisión "CNN Heroes: An All-Star Tribute", en honor a los "héroes" del año, comenzó con un sentido homenaje a los 33 mineros que estuvieron 70 días bajo tierra en un yacimiento San José, quienes salieron a escena y recibieron el caluroso aplauso de los asistentes.

ImagenLa retransmisión, de dos horas de duración y emitida en Día de Acción de Gracias en EE.UU., inició con una serie de imágenes del sufrimiento y posterior alegría de los mineros al ser rescatados entre el 12 y 13 de octubre pasados.

Anderson Cooper fue el encargado de presentar a los trabajadores: "Sobrevivieron a una pesadilla, experimentaron un milagro y se convirtieron en hermanos", dijo.

Instantes después aparecieron los mineros sobre el escenario del auditorio Shrine, de Los Ángeles (California, EE.UU.), con capacidad para unos 6.000 espectadores.

El telón se alzó y los obreros aparecieron con una gran bandera chilena entre los aplausos de reconocimiento del público, mientras las cámaras mostraban los rostros emocionados de actrices como Renee Zellweger o Jessica Alba.

"Queremos agradecerle a Dios y al mundo por sus oraciones", dijo uno de los trabajadores. "Nuestras familias sufrieron, nuestros hijos también, y gracias a las oraciones del mundo entero pudimos salir de este problema", añadió otro.

Los 33 mineros fueron invitados a este programa junto a cinco de los socorristas que participaron en su rescate, porque "simbolizan la capacidad de adaptación, de resistencia y de persistencia del espíritu humano", según un comunicado de CNN.

"Algunos de los que nos rescataron están aquí. Gracias por traernos a casa, son unos héroes para nosotros", declaró uno de los mineros, quienes cantaron parte del himno de su país y terminaron gritando al unísono: "Chi, chi, chi, le, le, le... ¡Mineros de Chile!".

En la ceremonia se honró a los 10 héroes del año, elegidos entre 10.000 candidatos que se presentaron procedentes de más de cien países, quienes recibieron cada uno un premio de 25.000 dólares.

La nepalí Anuradha Koirala, una activista que se ha fijado como misión combatir la explotación sexual de las jóvenes de su país, fue galardonada con los votos del público como la figura más destacada y recibió una cantidad adicional de 100.000 dólares.

sábado, agosto 21, 2010

Nexos globales, por Jorge Edwards.


Nexos globales,

por Jorge Edwards.

Todo está conectado. La mentada globalización puede ser un desarrollo de estas conexiones, o una mayor conciencia, un conocimiento más ajustado de las que ya existen. La globalización, en otras palabras, no sería más que una visión globalizada de las cosas. Leo un texto francés reciente y nos habla de la interacción entre el pasado, el presente y el futuro. Juegos del tiempo que son más que juegos. El pasado influye en el presente, y el presente en el futuro, pero el futuro, a su vez, se proyecta hacia atrás. El futuro influye en el presente. Cuando haya pasado, veremos el momento actual en función de las líneas que haya seguido. Por ejemplo, si el Irán de hoy camina en una dirección democrática, interpretaremos el caso de la mujer condenada a la lapidación de una manera. Pensaremos que el exceso, la barbarie, el primitivismo, condujo a una reflexión, a una reacción humanista. O nos diremos que fue el umbral de una época todavía más oscura.

En Chile se conoce el tema, pero no sé en qué forma ha repercutido. En Francia es más fácil enfocar estos problemas como constelaciones, como grandes remezones a nivel de la conciencia moral. Bernard-Henri Lévy, que antes, en mis años pasados de Francia y de España, era un joven filósofo, y que ahora ya no es tan joven, ha tomado la iniciativa a través de un sitio de internet suyo que se llama La regla del juego. Me parece interesante, para comenzar, que los intelectuales de hoy ocupen sitios en la red y los usen para elaborar ideas, para expresarlas y discutirlas. En épocas pasadas, Lévy era un disidente de la izquierda oficial, de inspiración marxista, y recibía continuas acusaciones de hacerle el juego a la derecha. Podríamos decir que esos tiempos, con la caída del Muro de Berlín, con muchos otros fenómenos, pasaron, y que es mucho mejor que así sea. Bernard-Henri Lévy, por ejemplo, nos cuenta que llamó por teléfono al Presidente Sarkozy a propósito de la mujer iraní condenada y que el Presidente tuvo una reacción muy buena: “tuvo el buen reflejo, las palabras justas y precisas y, en el tono, una emoción que no engañaba”. La cita es interesante como retrato de un disidente de ahora: se está de acuerdo en algunos asuntos, y se manifiesta ese acuerdo con énfasis, con entusiasmo, y se puede estar en desacuerdo en otros. Ya no existen las reacciones en bloque, a punta de manifiestos archisabidos, de los años de la Guerra Fría. Las firmas de aquellos años, las adhesiones públicas, podían recitarse de memoria. El caso de la iraní, en cambio, ha provocado la redacción de un manifiesto de estilo nuevo, lleno de firmas imprevisibles. Me siento inclinado a firmar, pero tengo que acordarme de que he regresado a la diplomacia en activo, no sé por cuánto tiempo. Me abstengo, por consiguiente, y me quedo pensativo acerca del papel de una diplomacia moderna, en un mundo donde los límites profesionales, nacionales, de todo orden, cuentan menos que en el pasado.

En consideración al paciente lector, cuento algunos detalles. La joven iraní Sakineh Mohammadi Ashtiani, casada y con dos hijos, fue acusada en su país de tener relaciones con dos hombres fuera del matrimonio. Fue condenada, en una primera etapa, a una pena de 99 azotes, y la pena se cumplió en presencia de uno de sus hijos. Desde esos días no ha salido de la cárcel. Hace poco fue condenada por un tribunal a la pena de muerte por lapidación, condena que provocó reacciones internacionales apasionadas, intensas, perfectamente previsibles. En lo mejor de la campaña de los medios, apareció en la televisión de su país velada, en la penumbra, y confesó que ella estaba presente cuando uno de sus dos amantes asesinaba a su marido. Su abogado iraní, especialista en causas de derechos humanos, se sintió acosado, hostilizado en cada uno de sus pasos y en su familia, y prefirió escapar por la frontera de Turquía, a pie y a caballo, e instalarse en Noruega. Bernard-Henri Lévy consiguió hablar con él por teléfono, en lengua inglesa, y el abogado le informó que la confesión de Sakineh, a su juicio, había sido arrancada a la fuerza y no tenía el menor asidero. El abogado piensa que la condena a muerte por lapidación puede llevarse a cabo en cualquier momento y que la presión internacional es lo único que podría salvarla.

Llego hasta aquí y me encuentro con un titular de prensa en otro lado: la política exterior del Presidente Lula, anuncia en síntesis, tiene repercusiones en la campaña electoral. Y Lula da Silva, con su flexibilidad habitual, por su lado, declara: si esta mujer causa problemas en Irán, podemos acogerla en Brasil, declaración que el régimen de Teherán atribuye a “un exceso de sensibilidad” del Presidente brasileño.

Observé con interés, con curiosidad, muchas veces con admiración, la diplomacia brasileña de hace alrededor de treinta años. No conozco bien la de ahora, pero me imagino que no ha cambiado tanto. Son profesionales, imaginativos, de gran seguridad en sí mismos. Me acuerdo de poetas embajadores, de un novelista ocupado de problemas de límites, como era Guimaraes Rosa, de economistas brillantes, educados en Inglaterra, y que intervenían en representación del Brasil en los debates de Ginebra. En la delegación ante la primera Conferencia de la Unctad, en 1964, figuraban por lo menos cuatro embajadores. Uno de ellos solía bailar en las noches en una de las discotecas de la ciudad calvinista, a la sombra de los muros adustos de la catedral de San Pedro. Tiempos idos y vividos, comentó un ensayista diplomático anterior, de fines del siglo XIX y comienzos del XX, Joaquín Nabuco, autor, a distancia, de un libro notable sobre nuestro Presidente Balmaceda.

Son tejidos, interconexiones, que se ramifican en el espacio y en el tiempo. Visité el país de nuevo, hace dos o tres años, y me contaron que las memorias de Nabuco se habían transformado en un gran clásico de la literatura brasileña contemporánea. Me propongo ahora leer esas memorias decimonónicas y contemplar con una mirada curiosa la diplomacia del siglo XXI. A falta de otro tema.


viernes, julio 23, 2010

El itinerario de la claudicación, por Alberto Medina Méndez.


El itinerario de la claudicación,

por Alberto Medina Méndez.

Para generar cambios hay que participar en política, dice esa frase que hemos escuchado hasta el cansancio. Solo desde las organizaciones partidarias se puede influir lo suficiente como para modificar el rumbo de la realidad. También lo hemos leído por ahí.

Muchos insisten que para lograr las transformaciones, hay que embarrarse, meterse en el fango. La idea de “ensuciarse” aparece así como el marco ideal que genera un ámbito justificatorio habilitante de ciertas cuestiones inadmisibles que se asumen como necesarias, como derecho de piso, como parte indivisible de la verdad. Ese es el artilugio al que recurren muchos para admitirse a si mismos, determinadas liviandades.

Pero los que lo afirman, parecen querer sugerir que involucrarse, implica invariablemente, prestarse al juego del sistema. Recitan con ferviente pasión, esa nómina de valores con las que la sociedad se identifica plenamente, esa escala de principios que todos pretendemos en nuestros lideres. Sin embargo, cuando se incorporan a la dirigencia partidaria, abandonan esa retórica, para darle paso al endiosado pragmatismo vacío de contenidos, ese que les posibilitará la chance de hacer lo que sea, pero siempre cediendo, dejando en el camino mucho de lo antes declamado.

Se permiten esa mutación, porque aún no lograron comprender que la política está desprestigiada justamente por lo que sus prácticas funestas transmiten, por lo que significa renunciar a los ideales, por transigir frente a las aparentes imposiciones que plantea ese recorrido en el que la prebenda, la discrecionalidad, el clientelismo, la corrupción y los privilegios parecen demasiado habituales.

Algunos suponen que ese sendero hacia la deseada construcción debe hacerse sobre la base de permanentes concesiones, de la entrega de los principios y de pisotear las más férreas creencias. Habrá que decir que nada bueno puede provenir de ese proceso en el que se manipulan las convicciones propias. Nada positivo saldrá de aquel esquema en el que la moneda de cambio pasa a ser la honestidad, la franqueza y la transparencia.

Si en el intento de lograr mejoras para la sociedad, el precio a pagar es traspasar ciertos umbrales de la moral, para caer en la corrupción, la hipocresía y los ocultamientos de la cosa pública, habrá que decir que es un importe excesivamente elevado, que ninguna persona de bien debería abonar. Aceptar esta transacción con tanta docilidad, es solo validar un excelente argumento para formar parte de lo que tantas veces se ha criticado.

Estamos agotados de esta dinámica en la que los “honestos” se van desnaturalizando con el paso del tiempo, una vez que se sienten parte del sistema, con las comodidades que les propone el régimen. El recorrido incluye el entusiasmo original, ese que luego da paso a la frustración eterna ante la imposibilidad de concretar las expectativas.

Es que justamente, “el sistema” está preparado para impedir los embates de los románticos, de los idealistas y soñadores. Tiene anticuerpos que lo protegen de los honestos sin voluntad, de los tibios sin convicciones profundas y les propone que como “peaje” entreguen esas banderas, para lograr cualquier insignificante avance.

Si para lograr esos pretendidos cambios a los que aspira la sociedad, se tendrá que hacer la vista gorda, dejar pasar arbitrariedades, callar ilícitos, ser funcionales a la corrupción estructural y cómplices imprescindibles para que otros sigan haciendo de las suyas y convenciendo a tantos mas de que estas reglas son las correctas y que esto es lo que se puede hacer y no mas que esto, pues en ese caso, este es un camino a descartar.

Los perversos de siempre han desarrollado un conjunto de creencias que alimentan esta fábula y pretenden hacerla verosímil. Los incautos, los ingenuos, los cándidos que abundan entre los ciudadanos de bien, aceptarán estos preceptos, sin más, solo para jugar ese partido.

Los que abusan del sistema necesitan que el resto crea que esto “es así”, que no se puede cambiar, que estas son las pautas y hay que adherir a ellas. El favoritismo, la discrecionalidad, la malversación, las cajas ocultas, y la nómina inmensa de cuestiones que cualquier ciudadano medio aborrecería y criticaría con despiadada virulencia, se atenúan cuando el protagonista invitado pasa a formar parte del equipo reclutado.

Ellos intentarán convencer a todos que esos códigos son inmodificables, que la burocracia tiene sentido, que las leyes se hicieron para sostener el andamiaje que soporta su indemostrable financiamiento político y que las trampas forman parte imprescindible de su paisaje cotidiano. También dirán que pese a todo lo criticable, es mejor estar adentro que afuera, que los cambios se logran siendo parte del sistema y no estando fuera de él.

Resulta interesante ver como consiguen someter a los soñadores. Los quebrantan e intimidan, los oprimen y amedrentan hasta ponerlos de rodillas. Logran derribar sus voluntades, quebrarles el espíritu, doblegarlos y hacerlos capitular para que crean que son insignificantes frente a la potencia de los hechos consumados. Es parte de la estrategia y vaya si logran ser convincentes.

Todos sus argumentos, sin excepción alguna, son extremadamente benevolentes con ellos mismos y altamente tolerantes con sus atropellos. Esa línea de aseveraciones los exime de dar explicaciones, los justifica, los mantiene como protagonistas secundarios que solo acatan reglas no escritas, que no son de su autoría intelectual.

Que todos entremos por esa variante es lo que pretenden. Habrá que recordar que el mundo solo cambió cuando los pioneros tomaron la iniciativa, esos que se animaron a decir “se puede” para desafiar lo evidente, sin aceptar mansamente la interminable lista de razones que demuestran porque “no se puede”.

Dejemos de aceptar tan apaciblemente aquello de que solo ingresando a los partidos se modifica el presente. Es una verdad a medias y, como tal, vale la pena cuestionarla. Definitivamente el sistema NO se cambia desde adentro, al menos no, respetando sus normas. Se modifica desde afuera estableciendo la agenda. La otra alternativa, mas osada por cierto, es ingresar al sistema y ser parte de él, pero para pulverizar, sin contemplaciones, sus reglas una por una.

Es bueno recordar aquel refrán que dice que solo los peces muertos nadan con la corriente. A cuidarse de esas falacias perversamente instaladas. Se han constituido en la mayor trampa para cooptar a los más crédulos y hacerlos recorrer el itinerario de la claudicación.

sábado, mayo 29, 2010



Las protestas sociales anunciadas.

Nadie, racionalmente, puede dejar de darse cuenta que el país está en una situación critica, por un lado tenemos un proceso económico complicado como rezago de la crisis mundial producida por las burbujas inmobiliarias norteamericanas, mientras por el otro tenemos medio país arrasado por un inmenso terremoto.

Como resultado de la radiografía antes descrita tenemos necesidades imperiosas que privilegiar, como guarecer bajo techo a nuestros compatriotas que perdieron sus casas, sobre todo ante la llegada de los fríos invernales, recuperar la infraestructura educacional, de salud y la reconstrucción de carreteras destruidas.

En lo puntual es preciso poner en marcha la industria pesada fuertemente dañada, levantar a las pymes que están en el suelo, recuperar la industria pesquera artesanal devastada por el sismo y el maremoto, procurar trabajos decentes para centenares de miles de chilenos que carecen de medios para sustentar a sus familias.

Sin duda alguna la situación es compleja, el Gobierno trata de enfrentarla, pero, organizaciones sindicales de trabajadores y estudiantes universitarios, básicamente, con una mirada egoísta anuncian movilizaciones por sus reivindicaciones grupales, y creemos que con una mirada politizada, dificultan la reconstrucción.

Unos reclaman por los despidos en la Administración Pública, que fue extremadamente precarizada por los Gobiernos apoyados por ellos que establecieron plantas paralelas con personal a contrata, un alto porcentaje de los trabajadores públicos, los otros reclaman por la calidad de una educación que es el resultado de Administraciones anteriores.

Todos estos problemas son sumamente urgentes, pero nadie puede exigir que sean solucionados de inmediato, cuándo inclusive no hemos llegado a los 90 días de la asunción de un Gobierno que se encontró con una parte importante de presupuesto gastada y con todas las informaciones sectoriales borradas de los sistemas informáticos.

Nos parece inadmisible que dirigentes sindicales prioricen un exhibicionismo personal por sobre las necesidades nacionales, posiblemente intentando crearse plataformas electorales que les permitan, después de los sonados fracasos de las últimas elecciones, postular con alguna posibilidad de éxito a cargos Parlamentarios.

Creemos, por el bien de Chile, que se debe dar al Gobierno de Piñera la posibilidad de instalarse completamente en el poder y de desarrollar su programa por un periodo de no menos de seis meses, pues lo que se esta haciendo en este momento es dañino para los afectados por estas dos crisis consecutivas, que son millones de compatriotas.

No somos particularmente partidarios del Presidente Piñera, como lo dijimos permanentemente antes de las elecciones, votamos por él eligiendo la menos mala de las alternativas, posiblemente por eso, es que consideramos inmoral, en especial por los más necesitados de nuestra sociedad, que no se le permita realizar el programa seleccionado por el soberano mayoritariamente.